Desde que comenzaron a popularizarse los blogs, hace poco más de una década, aparecieron rincones on line dedicados a casi todo. Y la gastronomía no fue la excepción: hoy cualquier amateur apuesta a sumarse a la gran “blogósfera culinaria”, a base de recetas y reseñas de restaurantes, escritas y producidas (en la mayor parte de los casos) con más voluntad que conocimiento.
La Argentina no es ajena a esta moda. Para entender el fenómeno, basta un dato: en Google, las referencias a food blogs nacionales superan los diez millones. Y no es casual ya que, a diferencia de los sitios convencionales, los blogs todavía son una manera accesible e independiente de difundir gustos propios, incluso con las destrezas tecnológicas más rudimentarias.
Ante todo, ¿de qué hablamos cuando hablamos de un blog? Básicamente de un sitio web que se actualiza de a una nota por vez y que tiene una raíz personal. Si bien existen blogs creados por más de una persona, hay siempre una clara identificación de quién es el que está detrás de cada nota.
Así, los food blogs se convirtieron en el paraíso de innumerables foodies y cocineros. Pero si bien no hace falta más que voluntad para sumarse, no son muchos los que ofrecen buena información, buenos textos –con la extensión y la calidad adecuada para una lectura online– y propuestas que inviten a regresar a cada post y sumarlos a nuestro RSS.
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